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Educación
Historia de la Radiología en Chile
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Extracto de libro
"Comienzos de la Radiología en Chile"
Autor
Dr., Dr. méd., FAR, THOMAS STRAUSZER F.
Profesor Titular de Radiología
Facultad de Medicina / Universidad de Chile. Santiago

Fue en la escuela de Medicina de la Universidad de Chile, en el antiguo hospital de San Vicente de Paul donde, a fines del siglo XIX comenzó la radiología de uso médico en nuestro país.

u nacimiento fue el resultado de experimentos efectuados en el Laboratorio de Física de la Escuela de Ingeniería, ubicado en lo que ahora se conoce como Casa Central de la Universidad de Chile. Trabajaban en este laboratorio los profesores Luis Ladislao Zegers y Arturo Salazar.

Habían pasado sólo tres meses desde el 28 de diciembre de 1895 cuando Wilhelm Conrad Röntgen entregó una charla a la "Physikalisch-medicinischen Gesellschaft”, de Würzburg. Por encontrarse esa Sociedad Científica en vacaciones, esta charla, “Ueber eine neue Art von Stahlen” –Sobre una nueva forma de radiaciones- fue leído como una “comunicación preliminar” el 23 de Enero de 1896.

A raíz de esta publicación, el mes siguiente, en febrero de 1896, los profesores Zegers y Salazar comenzaron a experimentar en Chile el uso de esta nueva técnica. En las “ACTES DE LA SOCIETE SCIENTIFIQUE DU CHILE”, del 27 de marzo de 1896 ambos publicaron una monografía de 46 renglones: “EXPERIMENTOS SOBRE LA PRODUKZIÓN DE LOS RRAYOS DE ROENTGEN POR MEDIOS DE LAS LAMPARILLAS DE KANDENZIA ELECTRICAS”. Fue este el primer trabajo sobre los rayos x publicado en Latinoamérica. La publicación está escrita en lo que se llamó: “ORTOGRAFÍA RRAZIONAL”, que había sido creada por Salazar. El trabajo muestra un esquema del circuito eléctrico empleado y además, una radiografía de cuatro dedos de la mano derecha de Zegers, tomada cinco días antes de la publicación. La exposición de esta radiografía demoró 14 minutos.

Los experimentos para tomar las radiografías no les resultaron sencillos. Pasó un mes antes de que pudieran obtener las primeras radiologías. Trabajaban con una bobina de inducción, de chispa de suficiente longitud, la que manejaban con un alternador operado a mano, un circuito de TESA, y un tubo fabricado por Salazar.

No había en ese entonces un solo tubo de Crookes en Chile, por lo que comenzaron a probar con ampolletas de alumbrado que tenían un vacío análogo a estos tubos pero, carecían de electrodos adecuados para el ánodo. Se trató de obtener con estas ampolletas un flujo catódico conveniente. Este flujo de partículas negativas que salían del filamento producían rayos X como consecuencia de su choque con un anticátodo improvisado al lado de afuera de la ampolleta.

La descarga de miles de voltios aplicados a la ampolleta se obtenían con un carrete de inducción (bobina de Rumkorf) conectada al primario, con un alentador movido a mano. El resultado fue satisfactorio; el vidrio resplandecía, con fluorescencia azul. Pasó cierto tiempo hasta que se dieran cuenta que el color se debía al contenido de plomo en el vidrio. Probaron entonces con ampolletas de Edison, de vidrio sin plomo, de procedencia inglesa, con lo que obtuvieron fluorescencia verde claro. Sin embargo, a pesar de ello, las placas fotográficas muy bien envueltas y a distancia adecuada no se impresionaban. Eran demasiado viejas, por lo que al cambiarlas por placas frescas y de otra sensibilidad, estas se empezaron a impresionar con las imágenes radiológicas. Pudieron así obtener radiografías con cierta regularidad. Con posterioridad llegaron de Europa los tubos adecuados para la toma de radiografías.

La relación de estos experimentos fue escrita por el profesor Salazar en 1938 cuando ya tenía 83 años. La entregó al decano de Medicina Prof. Armando Larraguibel, hecho que fue relatado en el Primer Congreso Interamericano de Radiología, en Buenos Aires, en 1943, por el Prof. Dr. Félix Daza Brantes.

Arturo Salazar Valencia

El profesor Arturo Salazar Valencia nació el 2 de diciembre de 1855, en el poblado de Andacollo, siendo su padre, el Ingeniero Militar Don Manuel Salazar Hinostroza, y su madre Doña Juana Valencia Arancibia. Hizo sus estudios en los Padres Franceses de Valparaíso y se destacó por ser un autodidacta en Física lo que le permitió, al terminar sus estudios secundarios, tomar el cargo de ayudante de Física de su colegio. Quedó huérfano a los 15 años de edad. Trabajó inicialmente en la Agencia Noticiosa Havas de Valparaíso. Se hizo conocido porque instaló entre la Intendencia de Valparaíso y la Agencia Noticiosa el primer teléfono que existió en el puerto.

A los pocos años ascendió al puesto de Profesor de Física en los Padres Franceses, para pasar, años más tarde, a igual función en la Escuela Naval. Vivía entonces de su cargo de Gerente General de la Cía. De Gas de Valparaíso, puesto que desempeñaba desde los 29 años de edad.

En 1887 hubo en Chile una epidemia de cólera, con un saldo de 50.000 muertos. En el Laboratorio de la Escuela Naval, junto con Carlos Newman hicieron un trabajo sobre bacteriología llamado “NOTAS SOBRE EL ESPIRILO DEL KOLERA ASIATIKO”. En el mostraron las primeras macrofotografías tomadas en el país. En ese mismo año publicó un informe sobre las características de las aguas de los cerros de Valparaíso y también el resultado del examen clínico y bacteriológico de algunas aguas de Chile.

Al Prof. Salazar le interesaban los problemas sanitarios. Hizo un trabajo sobre el aire en los teatros Odeón y Victoria de Valparaíso y en el teatro Municipal de Santiago. Se trataba de un estudio sobre el grado enrarecimiento del aire que se producía en estos locales por el uso de gas para alumbrado. Esta publicación fue hecha en italiano. Sus trabajos sobre las aguas en Chile fueron publicados en Londres. En 1895 escribió un artículo sobre “ al anhídrido de carbónico en algunos locales cerrados y habitados”, y otro “sobre el aire en las prisiones de Valparaíso”. Hizo además un estudio sobre la calidad del hielo para consumo de la población. El autor era calificado como “el loco Salazar”.

A los 40 años de edad, después de un viaje de estudio a Europa se traslada a Santiago, invitado para colaborar con el profesor Luis Ladislao Zegers, que era el Profesor Titular de Física de Industrial y Electrotecnia de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile.

En Santiago, hizo sus estudios para dotar, a comienzos de siglo, a las calles de Santiago de alumbrado eléctrico en vez del existente a gas. Destacó las ventajas de una intercomunicación eléctrica que abarcara todo Chile. Propuso también que, la energía eléctrica, se obtuviera en base a las cascadas que existían en todo el país. En 1878, un año después del invento de Thomas A. Edison, Salazar construyó la primera máquina parlante y grabadora (gramófono). El había preparado los cilindros grabando voces, cantos y ruidos de la naturaleza. Además construyó el primer radio receptor y fundó la primera estación radiofónica de Chile (radioemisora). Falleció en 1943 a los 88 años.

Luis Ladislao Zegers Recasens

El profesor Luis Ladislao Zegers Recansens había nacido en 1849, hijo del Ingeniero, José Zegers Montenegro. Era sobrino de doña Isidoro Zegers, la primera Directora del Conservatorio Nacional de Música.

Se recibió de Ingeniero a los 23 años en 1872. Fue el sucesor de Ignacio Domeyko en la Cátedra de Física de la Escuela de Ingeniería de la Universidad de Chile. Zegers fue el iniciador de la enseñanza de la electricidad en la Universidad. Era además el secretario de la Comisión Internacional, con sede en Londres, para el estudio de los progresos en el uso de la electricidad. Fue nombrado como representante del Gobierno de Francia en 1876 para esta comisión. Entre sus actividades, trajo a Chile la telefonía inalámbrica. Incursionó en la q1uímica, mineralogía y óptica. Hay numerosas colaboraciones suyas en los Anales de la Universidad de Chile. Escribió “La cordillera de los Andes”, “La geología en Chile”, “Los progresos de la electricidad”, “La telegrafía sin hilos”. Fue organizador de la Sociedad Nacional de Minería. Creó además los servicios meteorológicos del país. Zegers se había hecho conocido cuando publicó un estudio sobre “El paso de Venus por el Sol” lo que le valió la condecoración de las “Palmas Académicas” en la Exposición de Barcelona en 1882. Falleció en Francia en 1925 a los 76 años. El más conocido de la familia en su época, fue su hermano, el Almirante Zegers, quien fue guardiamarina y sobreviviente de la Corbeta Esmeralda.

En la Facultad de Medicina y Farmacia, en sesión del 18 de abril de 1884, se propuso incluir en el plan de estudios la asignatura de Física Médica. Pero, como no había en Chile facultativo para desempeñar esa Cátedra y, mientras se contrataba a un profesor europeo, se propuso enviar a los estudiantes de Medicina a las lecciones del Profesor Zegers a la Escuela de Ingeniería. El plan de estudios de Física Médica fue promulgado por el Presidente José Manuel Balmaceda y su ministro Pedro Montt el 30 de octubre de 1886.

José María Anríque Zuazogoitia

En sesión de la Facultad de Medicina del 27 de Julio de 1889 se aceptó la solicitud del médico José María Anríque Zuazogoitia de 30 años de edad, para optar al título de Prof. Extraordinario de Física Médica. Se formó una comisión examinadora con los profesores Sazié, Ugarte, San Cristóbal, Martínez y como suplentes Carballo y R. Del Río, que lo aprobó.

El Dr. Anríque había nacido en 1859. Se había recibido de médico en 1884. Era de una familia pudiente y tenía 17 hermanos. En 1889, con su nombramiento Académico, comenzó la docencia de la Asignatura de Física. En el Boletín de Medicina se imprimió su monografía “Lección de Apertura del Curso Extraordinario de Física Médica”. El 9 de enero de 1890 fue nombrado Profesor Titular a cargo de la Cátedra de Física Médica de la Escuela de Medicina.

En 1896 el Prof. Anríque pudo demostrarse en tres sesiones de la Facultad (18 de junio, 16 de julio y 17 de diciembre) el uso de los rayos X en distintas patologías. Su tema se tituló “Los Rayos X de Roentgen”. Dividió el tema en tres partes: Nociones teóricas y antecedentes, Producción de los Rayos X y su aplicación y experiencias prácticas en Chile. Esto último lo leyó el 17 de diciembre de 1896 efectuando las demostraciones al día siguiente en el hospital San Vicente. Relató entonces sus dificultades, ya que sólo el Laboratorio de Zegers y Salazar poseía una bobina de inducción capaz de excitar convenientemente un tubo para generar rayos X. Anríque trabajaba con el Profesor de Física del Instituto Pedagógico Dr. Alberto Beutell. En el Laboratorio de Física de la Escuela de Medicina no había bobina de inducción adecuada, ni condiciones, para producir en el vacío en los tubos de rayos X, antes que llegaran los pedidos hechos a Europa. Por ello consiguió prestada una bobina de Rumkorf del gabinete de Física del Instituto Nacional. Los tubos que ellos fabricaban se calentaban y rompían con mucha frecuencia. Con exposiciones de hasta 30 minutos pudo demostrar la transparencia de la madera, la opacidad de cristal de los anteojos, el esqueleto de los miembros posteriores de una rana y, malas reproducciones del esqueleto de la mano.

Con la llegada de Europa de una bobina con chispa de 20 cm., y de tubos de rayos X, los resultados mejoraron en Medicina. Muestra entonces en su exposición, radiografías de la mano, con fractura de segundo y tercer metacarpianos: fractura doble en ante brazo consolidada defectuosamente, mano de niño de 14 años con núcleo de osificación y, radiografías de feto de término. Hizo además radiografías de un pie con inyección en el sistema arterial de “cebo y azarcón” con lo que se pudieron distinguir las arterias de los ortejos el arco plantar. Demostró también un fragmento de aguja en la rodilla de un niño. La duración de las exposiciones eran de 5 a 15 minutos. No pudo obtener radiografías aceptables del tronco (tórax), muslos y brazos ni con exposición de hasta 30 minutos.

Con el profesor Beutell, preparaban pantallas fluorescentes con tungstato de calcio, de regular calidad para efectuar radioscopias o “visión en la pantalla de las sombras de Roentgen”. Llegaron después del extranjero las pantallas de platino cianuro de bario lo que mejoró la calidad de la fluoroscopia. Terminó Anríque su exposición, tomando una radiografía de la mano del Decano, Prof. Ventura Carballo, adornada con una anillo en el dedo anular y otro en el meñique.

El Prof. Anríque como Miembro Titular de la Sociedad Científica de Chile expuso en sesión general del 2 de agosto de 1897 “Sobre radiografías Roentgen”. Hizo también aportes al tema en el Primer Congreso Médico Latinoamericano en 1901, en Santiago. En la misma Sociedad Científica de Chile, el 19 de mayo de 1902, bajo la Presidencia del Dr. Cienfuegos presentó el tema “La Localización de los opacos por los rayos X”

A petición de Anríque en 1898 el Decano Carballo solicitó al Ministro de Instrucción Pública la adquisición e instalación de aparatos para producir rayos Roentgen en el Hospital San Vicente, por valor $2.4000. Solicitó además $600 para el Prof. De Física a fin de instalar electricidad en el Hospital, en especial en los pabellones quirúrgicos. Esta solicitud se materializó cuatro años después, en 1902, año en que Anríque fue nombrado Jefe del Laboratorio de Radiología Clínica de la Facultad de Medicina. Fue comisionado a Europa para adquirir para la Universidad de Chile los primeros equipos de Rayos X.

En 1898 el Dr. Tomás Luis Albarracín, Prof. de Otorrinología había traído al país, para su consulta privada, un equipo de rayos X. Un año después hizo el diagnóstico de la localización esofágica, a nivel de segunda costilla, de una moneda de cobre que se había tragado cinco días antes un niño de dos años y, pudo extraerla.

Dr. José Ducci Kallens

El Dr. José Ducci Kallens había nacido en Santiago en 1884. Era hijo de Don José Ducci Buonarotti y de la Sra. Sofía Kallens. Hizo sus estudios secundarios en el Instituto Nacional e ingresó a la Escuela de Medicina en 1901. Se recibió de Médico-Cirujano en 1908. de espíritu inquieto fue un vibrante animador de los movimientos estudiantiles de su época. Fue fundador y primer Presidente de la Federación de Estudiantes.

Al poco tiempo de recibirse trabajó de ayudante del profesor Salazar en Ingeniería. Fue ayudante del Prof. Anríque en la Facultad de Medicina. Trabajó también como profesor interino de Física en el Instituto Nacional. Fue Jefe de Clínica Neurológica en el Hospital San Vicente y Prof. Extraordinario de Física Médica.

A la muerte del Dr. Anríque en 1916, el Prof. Ducci se hizo cargo, a los 32 años, de la Cátedra de Física Médica y de la primera unidad de Radiología Clínica que existió en Chile. Como autodidacta había llegado a ser el primer radiólogo activo del país. Fue además Director y después Secretario de la Sociedad Médica y Redactor de la Revista Médica de Chile.

En 1923 viajó a Europa y USA comisionado por la Universidad de Chile. A su regreso planeó y supervisó la construcción en 1924 del Servicio de Radiología del Hospital San Vicente. Corresponde a lo que en la actualidad ocupa el “casino de Laurita”. El tenía entonces 40 años.

El profesor Ducci demostró la importancia de esta nueva especialidad a través de numerosas conferencias sobre su uso y aplicaciones, creando con ello el interés por la Radiología. Hizo trabajos sobre radiología del pulmón, diafragma, cráneo, riñones, etc. También sobre corazón enfermo y aorta, además sobre alteraciones del estómago y duodeno.

El diario El Mercurio en 1931 publicó: “el universitario de grandes visiones encuentra obstáculos tras obstáculos. La masa inmensa de alumnos, la pobreza casi franciscana, la flata de colaboradores debidamente protegidos por la Universidad, todo esto impedía dar a la enseñanza que Ducci impartía el brillo que necesitaba”.

Por problemas políticos con el gobierno del General Ibáñez, fue expulsado de la Universidad en 1929. Simultáneamente él se dedicaba, con mucho éxito, a su consulta privada de radiología y a sus actividades de médico neurólogo. Montó además una fábrica de tubos fluorescentes en colores que servían para publicidad y anuncio de negocios y que le ayudó en parte a mantenerse en sus últimos años. A la caída del gobierno del General Ibáñez se le devolvió la Cátedra. El diario El Mercurio califico este hecho refiriéndose a que “manos profanas le habían arrebatado una hora de locura, de injusticia y desquiciamiento”. Falleció a los pocos meses, en 1931 causa de una afección renal. Tenía 47 años edad.

La década de los 30

Ya a principios de los años 30, era el antiguo Hospital San Vicente el formador de Radiólogos que se fuero dispersando a los otros hospitales de Santiago y provincia.

Manejar un Servicio de Radiología era difícil aún en esos años. Cada Jefe de Servicio Clínico quería su propio equipo de rayos X. Por entonces en el Servicio Central se hacía radiología del tubo digestivo alto y del colon. Inicialmente con bismuto, que era un producto de uso habitual como antidiarreico en los hospitales. Por la intensa estitiquez que provocaba, se cambió por sulfato de barrio. Se tomaban también de huesos, tórax y abdomen simple. El tiempo de una radiografía de tórax era de 10-15 segundos; 8-10 mA y 100 Kv. Se hacían en total entre 10 y 15 exámenes radiográficos diarios y radioscopias.

Los equipos eran bastante rudimentarios y de gran tamaño. Su manutención no era complicada, excepto la reposición de tubos, que fue muy difícil en tiempos de la Primera Guerra Mundial. Se usaban tubos de ánodo fijo que se iban enrareciendo hasta que llegaba un momento en que no pasaba corriente, y por lo tanto no había rayos X. Entonces se calentaba el vástago de platino, lo que permitía la entrada de un poco de aire y el trabajo continuaba. En el hospital se reconstruían los tubos dañados con ayuda de un técnico alemán de apellido Poselius. Los tubos se reparaban y de dos tubos se hacía uno, se soldaban, se ponían cátodos, etc. El problemas más grave era obtener el vacío en los tubos de rayos X. Esto se obtenía con bombas de mercurio y aceite que efectuaban el vacío durante toda la noche. El grado de vacío se reconocía por el coler que emitía el tubo al encenderse e indicaba el momento en que el tubo tenía que sellarse. En aquel entonces habían auxiliares muy diestros en el desempeño de estas funciones de tipo totalmente artesanal.

Era sólo la experiencia del radiólogo y el color que emitía el tubo lo que indicaba la dureza de los rayos a emitir con una penetración aceptable. Los valores cambiaban para cada examen y había que calibrar todo el tiempo, basándose en la radiografía anterior. Era normal el chisporroteo de los cables de alta tensión con efluvios violáceos en la oscuridad de la pieza de rayos X y el olor a ozono.

Con la llegada de los tubos de Coolidge, después de la Primera Guerra Mundial, el problema se simplificó. Se incorporaron también los chasis y sus folios. En 1922 los equipos venían con Potter-Bucky mecánico. Eran de marca Siemens, Víctor, General Electric y Picker. También se tomaban radiografías a domicilio las que se revelaban en la consulta.

El revelado se hacía en cubetas de 40 x 40 cm. Igual que el de las fotografías. Era hecho por el médico en forma totalmente manual. Tanto los revelados como los fijadores se preparaban en el Servicio en base a productos básicos que venían pesados de farmacia. El secado se hacía preferentemente al aire libre colgando las radiografías en cordeles y sujetándolas con pinzas para la ropa. Los secadores eléctricos son muy posteriores.

Los exámenes radiológicos eran efectuados por los médicos. Por la lentitud y dificultad del sistema radiográfico, se hacían preferentemente radioscopias, a veces muy largas. Las fracturas se reducían a mano, bajo pantalla, entre Traumatólogos y Radiólogos. A veces usaban delantales y guantes impregnados de sal de plomo. Su uso era incómodo, sobre todo el de los guantes, que eran muy rígidos y pesados.

En esa época en Santiago sólo había corriente eléctrica continua. La corriente alterna y los equipos radiológicos para ella, llegaron en la década del 20.

Tenemos pocos antecedentes sobre los médicos que en algún momento fueron colaboradores del Prof. Ducci. Sólo sabemos de los Drs. Santiago Calderón, Adolfo Kaplan, Alberto Ricci, Luis Opazo, Oscar Marchant, Félix Daza, Alejandro Véjar, Aquiles Loienberg, Contador Prado, Meza Olbach, Tomás Quevedo, Kurt Ekwald, que era un sueco y llegó después de la Primera Guerra Mundial, y el Dr. Benjamín Kaplan que estuvo por corto tiempo, ya que, al sufrir daño por radiación, optó por la otorrinolaringología. Al él debo gran parte de este relato. Los radiólogos eran escasos, estaban bien considerados en el Gremio Médico y tenían un buen pasar.

Dr. Luis Opazo Pardo

Fue el sucesor del Dr. Ducci. Nació en San Fernando en 1891 y fue ahí donde comenzó su carrera como médico Pediatra. Luego se trasladó a Santiago y trabajó en el antiguo Hospital de Niños en calle Matucana. Tenía algunas afinidades radiológicas por lo que llevaba inicialmente a los lactantes y niños menores a exámenes al servicio del Prof. Ducci. Al ofrecerle la Jefatura del Servicio de Radiología del Hospital San Vicente optó previamente a una beca de radiología de un año en el hospital Charité de Berlín. El Dr. Opazo había hecho su tesis para Prof. Extraordinario de Radiología sobre “Cavidades Accesorias de la Nariz”. Posteriormente fue designado Prof. Titular para la Facultad de Medicina en el Hospital San Vicente.

Fue durante su periodo, en 1952 que el Servicio de Radiología se trasladó al nuevo Hospital Clínico “José Joaquín Aguirre”. Por razones que resultan difíciles de entender, este Servicio fue instalado en el tercer y cuarto piso al centro del Hospital entre la Dirección, en el segundo piso al centro del Hospital, en el segundo piso y el Decanato en el quinto. Era de acceso muy incómodo, tanto para los pacientes ambulatorios como hospitalizados.

Había mejorado la calidad de los equipos radiológicos que eran de marca General Electric, Siemens y Philips. Correspondía a tecnología de la Segunda Guerra Mundial y al periodo de Post-Guerra. La protección radiológica era precaria. Recién en 1955 las Naciones Unidas reglamentaron la Protección Radiológica, y las características de los equipos.

Ya estaban en uso los medios de contraste orales y endovenosos, existía la planografía y se efectuaban además colecistografías, colangiografías post-operatorias, pielografías de eliminación, uretrocistografías, flebografías, fistulografías, listero-salpingografías, broncografías, neumoperitoneo diagnóstico y la radiología osteoarticular y torácica. Era habitual que los radiólogos caminaran por los pasillos con anteojos rojos, para acostumbrarse a la oscuridad necesaria para la radioscopia.

No tenemos una lista ni fotos de médicos y personal de rayos de la época del Prof. Opazo. Según la lista de la Sociedad Chilena de Radiología en 1945, trabajaban en el Hospital los Drs. Santiago Calderón Y Humberto Arellano en la Primera Sección de Medicina. También los doctores Arturo Arutunoff, Hernán Cuevas, Ema Grandon de Vicuña, Guillermo Labatut, Alberto Ricci, Rafael Salas y José Zahri. Más tarde también los Drs. Manuel Concha, Isidoro Lipshitz y Lorenzo Ceballos.

Al fallecer el Prof. Opazo en 1956 quedó el Prof. Dr. Guillermo Labatut a cargo del Servicio por algún tiempo. El después se traslado al Hospital Barros Luco Trudeau, donde ocupó la Jefatura del Servicio de Radiología hasta su jubilación.

En 1956 la Escuela de Post-Grado de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, creó la primera Beca de Radiología. Beca de tres años de duración, con examen práctico, tesis y examen final, con las características generales que se mantienen hasta el día de hoy.

Las primeras Tecnólogas Médicas, especializadas en Radiología, se recibieron a comienzos de la década del 50 en una escuela dependiente del Servicio Nacional de Salud, en el Hospital San Francisco.

La Escuela pasó a la Universidad de Chile a fines de los 60 y se ubicó en la Sede Norte. Estos tecnólogos reemplazaron con éxito en los Servicios de Radiología a los fotógrafos, auxiliares y enfermeras universitarias, que sólo tenían un entrenamiento rudimentario en estas disciplinas.

El Servicio de Radiología del Hospital Clínico lleva el nombre de “Instituto de Radiología Prof. José Ducci” por acuerdo del Consejo Universitario del 3 de Noviembre de 1931, a pedido de la Sociedad Médica de Chile para rendir con ello un merecido homenaje a este pionero de la radiología chilena.

 
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